lunes, 3 de noviembre de 2014

LA SAL DE LA TIERRA - Documental sobre la vida de Sebastiao Salgado





ESTEBAN RAMÓN- 27.10.2014

Al comienzo de los años 70, Sebastião Salgado era un licenciado en Economía que ultimaba su tesis en París y trabajaba para la Organización Internacional del Café en diferentes proyectos junto al Banco Mundial. Hasta que tomó una decisión vital radical: abandonarlo todo y dedicarse a la fotografía. Comenzaba la leyenda del gran fotógrafo social.

En los siguientes 40 años se ha jugado el tipo, encontró un punto de vista único que le elevó a celebridad artística, perdió la fe en la humanidad, y recuperó la esperanza amando la naturaleza. Una vida inspiradora que tiene quien la cuente: su hijo Juliano Ribeiro Salgado y el cineasta alemán Wim Wenders, autores del documental La sal de la tierra que el 31 de octubre llega a las salas españolas, tras ser premiado en los festivales de Cannes y San Sebastián.

Juliano Ribeiro Salgado (París, 1974) ha sido un testigo único de la peripecia de su padre. Durante el último Festival de San Sebastián, donde La sal de la tierra obtuvo el Premio del Público, recordaba en una entrevista para RTVE.es la imagen de superhéroe que su padre le inspiraba desde niño. “Cuando iba al colegio, él estaba fuera viajando durante meses, y recuerdo la cara de asombro de los profesores cuando decía quién era mi padre”. El reverso era la ausencia constante de la figura paterna que, de algún modo, la admiración amortiguaba. “Cuando volvía de trabajar, siempre compartía todo conmigo, sus experiencias, sus consejos, lo que aprendía por todo el mundo. A pesar de que estaba muy lejos, siempre hemos estado muy próximos”.
Juliano Ribeiro Salgado, director de ’La sal de la tierra


La sal de la tierra es una carta de amor de un padre a un hijo, pero sobre todo, es un documento inspirador sobre un testigo del lado más oscuro del ser humano en los conflictos de Congo, Angola, Yugoslavia o, especialmente, Ruanda. Asomarse a ese horror le hizo perder toda esperanza en el ser humano.

“Nos dimos cuenta de que la historia de Sebastião era emblemática. Había experimentado sucesos terribles, había sido testigo de la humanidad en sus momentos más brutales y bárbaros, pero había sido capaz de transformar eso en algo realmente positivo. Podría dar esperanza: de acuerdo, el mundo es un lugar terrible, pero también puede ser un mundo mejor. Y eso es lo que tratamos de compartir”, dice.

Paradójicamente, Salgado recuperó la fe en la humanidad alejándose de ella. Tras tocar fondo en Ruanda, en el siglo XXI tomó distancia para contemplar la naturaleza en su conjunto. Impulsó el Instituto Terra, en el que repobló la selva amazónica perdida de su hacienda familiar con dos millones y medio de árboles. “Al principio creíamos que era un idea maluca (loca). Pero ha transformado todo de manera increíble. Compartió que es importante hacer lo que puedas en tu entorno”. Su amor hacia la tierra tuvo su eco artístico en el proyecto fotográfico Génesis: fotografías aéreas, paisajes, animales y personas alejadas del mundo moderno.

Para Juliano, que no tenía experiencia como documentalista, la de Wenders era una colaboración natural. El cineasta alemán, que desde los 80 tiene fotografías de Salgado en su despacho, ha alternado en su carrera sus obras de ficción con los documentales en los que vampiriza grandes talentos artísticos. Así fue con Nicholas Ray (Relámpago sobre el agua, 1979); Yasujiro Ozu (Tokio-Ga, 1985); Ry Cooder y la música cubana (Buena Vista Social Club, 1999), o Pina Bausch (Pina, 2011).

“Wenders fijó la manera de filmarle hablando de sus fotografías. Sebastião estaba en una habitación oscura, no podía ver al equipo, solo podía ver sus fotos un monitor. La idea era que él pudiera recordar el momento que vivía cuando hizo la foto. Wenders presionaba un botón para cambiar la fotografía y logramos que Sebastião se proyectará hacia el pasado”, dice Juliano
El obervador observado

Algo narrativamente tan sencillo como proyectar fotos de Salgado resulta hipnótico. Pero el documental además descubre el territorio íntimo del fotógrafo, acompañándole en sus viajes. ¿Cómo es el observador observado? “Superdíficil”, resume su hijo. “Es un hombre muy concentrado en sus fotografías, cuando trabaja no espera para nada ni para nadie. Lo primero que prohibió era que trajera un equipo. Era yo haciendo la imagen y sonido solo. Fue muy difícil, pero al mismo tiempo la relación era muy próxima”.
Sebastião Salgado junto al director alemán Wim Wender


Por último, La sal de la tierra tangencialmente trata la hermosa relación de Salgado con su mujer Lélia Deluiz Wanick, el bastión que soporta su vida y obra. “Siempre han tenido una relación fortísima. Cuando Sebastião decidió que iba a abandonar su carrera de economista por la de fotógrafo, sin tener ninguna experiencia, era algo superarresgiado y lo decidieron juntos, como todo. Cuando Sebastião empieza un proyecto, deciden juntos cómo hacerlo, la selección de las fotografías. Tienes razón: no se pueden disociar”, dice el hijo que recuerda una anécdota, que no aparece en el documental, para explicar los lazos de sus padres. “Durante la Guerra Civil de Angola, los portugueses se iban de la capital Luanda y el ejército sudafricano entraba en la ciudad para matar a todo el mundo. Los medios de comunicación hacían llamamientos para abandonar la ciudad. Nadie quería ir allí y, mientras, Lélia llevaba a mi padre al aeropuerto para viajar a Luanda. De vuelta a casa, explotó. Paró el coche en el arcén y rompió a llorar porque pensaba que Sebastião iba a morir. Y, de pronto, recordó lo feliz que estaba otras veces que le había dejado y se dio cuenta de que no debía preocuparse, debía ser feliz y solo preocuparse si algo le pasaba. Afortunadamente, nunca le ha pasado nada. Aceptó que hay un propósito: hacer fotos que traen realidad a todo el mundo”.

Sebastião y Lélia se emocionaron profundamente la primera vez que visionaron el documentalñ. “Sebastião es muy tímido con la cámara y se quedó muy impresionado con el personaje que vio”, recuerda. “Cree que es muy diferente a este personaje. Pero no lo es. Es de verdad”.


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